No importa lo mucho o poco que hagas; pero lo que hagas, hazlo bien

A la luz de esta recomendación dada por Dora a una joven que comenzaba a trabajar junto a ella, compartimos un artículo de Almudena Lago sobre la dedicación al realizar las tareas de la casa publicado en www.cuatrofrases.com.

Relatos y favores
Opus Dei - No importa lo mucho o poco que hagas; pero lo que hagas, hazlo bien

“Concéntrese señora”. Lo oí en el mercado de la Paz, en Madrid. La voz provenía de un carnicero que, bastante despierto, extendía su mano con el cambio correspondiente a la compra que una señora acababa de realizar. Ella estaba absorta en sus pensamientos. Miraba sin atención el resto del género expuesto tras el cristal del mostrador. Ofertas, ofertas y más ofertas. Pero la mujer no estaba concentrada en eso. Otros pensamientos arrebataban su atención. Se trataba de una operación sencilla: recoger el cambio tras la compra efectuada. Fueron segundos de distracción. Aturdida, levantó la mirada, recogió el cambio y se marchó. Ahí es nada. ¿Qué más da?, podría pensarse. Sin embargo, a mí me sirve. Era una escena de lo más trivial y cotidiana, pero me sirvió y me sirve.

Me sirve para llevar hoy y ahora -cuanto más lejos, mejor- la conciencia del poder que tiene concentrarse ante lo difícil y ante lo fácil. Sí: tengamos la humildad y la sensatez de concentrarnos también ante lo que consideramos como fácil.

Habrán sido miles las veces que he visto cómo se prepara una mesa para comer. Otras tantas las que he sido yo misma quien la ha puesto. Y he de reconocer que más de una vez me preguntaba “¿Pero por qué se concentran para poner unos platos sobre la mesa? ¿Será posible que tengan que concentrarse? ¿Para qué?”. Hoy me respondo: Porque merece la pena. El resultado no es el mismo cuando se pone por medio intensidad al trabajar.

Ante las tareas manuales, hay como un acuerdo espontáneo y universal por el que las juzgamos siempre como algo fácil. Descartamos la necesidad de hacerlas a conciencia, esto es, proponiéndonos que no falte nada. Hagamos memoria ¿cuándo fue la última vez que no faltó nada en la mesa al sentarnos a comer? En ocasiones ha sido un vaso. Otras un tenedor, la jarra de agua… Las ausencias no son siempre las mismas. Hay intermitencia. Imposible pensar que quien la puso estaba concentrada. Y ahí está nuestra perdición. Porque, dejando a un lado que cabe hacer este tipo de tareas de cualquier manera, desde aquí queremos animar a que se realicen con dedicación. Mucha o poca, la que sea necesaria en cada caso, pero que se les dedique esfuerzo de cabeza al realizarlas. Lo que prevalecerá en el tiempo será el empeño por ofrecer el resultado esperado.

No hay por qué convocar a la dificultad para concentrarse al realizar un trabajo. Cualquier trabajo repercute en la sociedad no por la aridez que implicó su desarrollo, sino por lo bien que se realizó. Ahí está el mérito, en que el resultado del servicio prestado fue el esperado. Pues lo mismo debería ocurrir con el trabajo doméstico. Y concentrarse al realizarlo es ya un buen paso, pequeño, pero es un buen paso. De lo contrario, o perdemos dinero -como la señora que estuvo a punto de olvidarse de recoger el cambio- o perdemos el tiempo, que a veces es mucho más valioso.


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