Sacerdocio: boxeo, triatlón y mucho kitesurf

Pablo López es de Madrid y ha seguido los Juegos Olímpicos de Río con un ojo en las pantallas, y otro en su inminente ordenación sacerdotal. Es uno de los seis diáconos que serán sacerdotes desde el próximo domingo. Ilusionado, se viste de negro hasta los tobillos para una ilusionante maratón.

Testimonios

No es un seguidor más del deporte. Pablo es licenciado en Psicopedagogía y maestro en la especialidad de Educación Física. Los que le conocen saben hasta qué punto el deporte ha sido –y seguirá siendo- una parte importante de su vida.

Con el medallero olímpico casi a flor de piel y los Paralímpicos a punto de desplegar otra alfombra de valores desde el corazón de Brasil, hablamos en clave deportiva con un apasionado del el longboard, el surf, el kitesurf y algún que otro deporte más… que será ordenado sacerdote en Torreciudad el día en que la Madre Teresa será medalla de oro eterno.

Pistoletazo de salida:

¿Lanzarse a ser sacerdote es como el salto de trampolín?

Sí, es un salto. Aunque es un salto con cierto riesgo. En mi caso dejé las seguridades de una vida estable con un trabajo, una ciudad que dominas, la cercanía de la familia, los amigos… Pero no es un salto al vacío, como afirma el Papa emérito en su libro Informe sobre la fe al referirse al salto de la persona que no cree en Dios y se decide a apostar por la verdad de la fe católica. Algo similar sucede con el sacerdocio, porque sabes que Dios siempre te sustenta.

Para algunos, este contexto social puede ser de aguas bravas para el florecimiento de vocaciones sacerdotales. ¿Nadar a contracorriente tiene podio?

Dejarse llevar por la corriente es muy fácil, lo complicado es ir en la otra dirección. Igual no siendo sacerdote todo sería más cómodo, pero yo intento ser santo y obedecer al Señor en todo momento. Rezando entendí que Dios me pedía una entrega completa de mi vida siendo sacerdote, para poder hacer las veces de Jesucristo en los sacramentos. De este modo puedo acercar a mucha gente al podio del Cielo.

¿Decirle que sí a Dios para lo que pida es marcarse un triple o dejarse meter un gol?

Creo que es muy similar a los triples de Curry de esos que parecen imposibles...

San Josemaría pedía a sus hijos sacerdotes que fueran doctos, humildes, alegres y deportistas. ¿Qué tiene la vida cristiana de juegos olímpicos?

San Josemaría hablaba de estas virtudes en el ámbito espiritual de sus hijos sacerdotes. La vida cristiana tiene una similitud muy cercana al deporte, exige comenzar y recomenzar una y otra vez, hasta que salga un ejercicio. Muchas veces nos equivocaremos, pero lo importante es no desanimarse y recomenzar. Como en un paso en una vía de escalada, un salto de altura, la colocación de los pies en un golpe de golf, hay que seguir hasta que, al final, sale.

¿En el Opus Dei se ve como uno más en medio de un ejercicio de sincronizada, como pez en el agua?

El Opus Dei es la familia sobrenatural que Dios ha querido que yo tuviese en este mundo.

Cuentan los cánones que “la lucha es un deporte en el cual cada participante intenta derrotar a su rival sin el uso de golpes. El objetivo consiste en ganar el combate haciendo caer al adversario al suelo y manteniendo sus dos hombros fijos sobre el tapiz o ganando a los puntos”. ¿Qué papel tiene un sacerdote en la lucha deportiva de los cristianos?

El sacerdote es como el entrenador de los boxeadores, tiene que apoyarles en todo los momentos de su vida. Estar cerca de esa persona, no sólo en los combates victoriosos, sino también en sus derrotas, en los pesajes, en los entrenamientos.

Hace años conocí a un boxeador olímpico español, la primera vez que me contó su preparación física y los sacrificios que exige ese deporte le pregunté cómo podía soportar esa forma de vida y me contó que gracias a su entrenador, que le apoyaba en todos los momentos.

¿Ser pastor de almas es un triatlón?

Llevar la dirección espiritual de personas puede ser similar a este deporte. Primero tienes que rezar mucho por ellas, y eso sería como nadar. Luego tienes que ofrecer muchos sacrificios por cada una, lo cual podría asimilarse al recorrido en bici, con puertos, y con el viento en contra. Y el último paso es hablar con la gente, acercase, ponerse cerca, como en las carreras.

Desde fuera, parece que ser sacerdote es levantar las pesas de los problemas ajenos en una especie curiosa de halterofilia…

Yo lo veo como un ejercicio de press de bancaI, sin poleas ni atenuantes del peso… La persona puede cargar con mucho peso -unos 140 kg.- de sus problemas y el sacerdote está allí, cerca, de pie, para ayudarle a que ese peso no se le venga encima, sino que le haga más fuerte.

¿La vida cristiana es más remo o vela?

La vida cristiana es similar al kitesurf: hay momentos en que debes ir a favor del viento y otras veces, en contra. Cuando vas en contra, tienes que saber ceñir bien para ir recortando metros al viento. Habrá momentos en que te caes y hasta puedes perder tu tabla, que sería como la gracia, la tienes que recuperar en la confesión para poder llegar a la orilla, que al final de nuestra vida será el cielo.

¿Y si no saltamos las barreras y nos entra una pájara, cuál es su papel de sacerdote pegado a la pista?

El sacerdote, cuando lo tenemos cerca, siempre tiene esos geles tan buenos que son reconstituyentes para el alma y evitar los momentos de pájara: los consejos, la confesión

El día de su ordenación el Papa canoniza a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Récord olímpico en cien metros lisos para servir a los demás?

Lucho por ser como Hortelano en su especialidad. Intento estar en la final olímpica con ella, además de con san Josemaría, con san Francisco, con san Juan Pablo II, con san Maximiliano Kolbe… Ya sea de los 100 o de los 200. Me queda mucho entrenamiento, porque no es que me saquen 2 segundos, ¡es que me llevan meses en una carrera de menos de 20 segundos!

Cuando uno ve que parece que no está a la altura, ¿cómo tintinea el estómago antes del salto?

Sí, me pasa con la ordenación sacerdotal. Es el momento de respirar hondo y tranquilizarse, sabiendo que quien hace las cosas es el Señor, para nada yo.

¿Su familia ha sido a la vez entrenador, animador, ejemplo, estímulo y fan?

La vocación, como decía san Josemaría, se la debemos en un 90 por ciento a nuestros padres. En mi caso no sé si será incluso un 99 por ciento...

Mi padre siempre me ha enseñado a trabajar duro, teniendo que madrugar y aprovechando muchas horas a lo largo del día para sacar la familia adelante, siendo muy profesional, educándome y corrigiéndome cada vez que lo hacía mal, sin pasarme ni una.

Mi madre me ha acercado mucho a Dios y a la Virgen, he descubierto en ella la piedad cristiana, la vida interior: desde siempre, que yo recuerde, nos llevaba a mi hermano y a mí a Misa con ella por las tardes. De ella sigo aprendiendo a cuidar las cosas pequeñas, a no criticar a nadie nunca, a no perder el tiempo, a ayudar a la gente que nos rodea…

De mi hermano mayor -el único que tengo-, he intentado aprender a tener muchos amigos y a tratarlos muy bien, querer sacar de los 60 minutos una productividad del cien por cien, aunque a mí me queda todavía bastante por completar...

Cuando se ve con la antorcha en llamas a las puertas de su ordenación sacerdotal, ¿en qué podio piensa? ¿Se conformaría con un diploma olímpico?

A escasos días de la ordenación, lo único que le pido al Señor y a la Virgen en Torreciudad es ser un sacerdote muy fiel a las indicaciones del Prelado de la Obra y al Papa. Si eso lo vivo, estoy seguro de que alcanzaré el Cielo, que no es sólo el diploma olímpico, sino la medalla de oro.

Y si este fuera el primer paso de una carrera de relevos, ¿a quién le gustaría ceder el testigo de su inminente sacerdocio para que el ritmo no pare?

Quisiera pasar el testigo de mi vocación a muchos de los chavales que han oído o leído las palabras del Papa Francisco en la JMJ de Cracovia, especialmente a los que han percibido en esos días que están en el mundo para dar mucho más, no simplemente para quedarse en el canapé dejando que pase la vida.